La noche del domingo 21 de diciembre, Bad Bunny se despidió de Ciudad de México con un concierto que funcionó tanto como celebración colectiva como punto final de una residencia histórica. En su octava y última presentación en el Estadio GNP Seguros —otra vez a su máxima capacidad—, el artista puertorriqueño ofreció algo más que un repaso de éxitos: convirtió el cierre en un escenario de sorpresas, colaboraciones y simbolismos largamente esperados por sus seguidores.
El primero en aparecer fue Natanael Cano. Los rumores que circularon durante días entre los fans se materializaron cuando el exponente de los corridos tumbados subió al escenario para interpretar “Soy el diablo”, durante el segmento de canciones sorpresa de la gira. La escena se volvió viral de inmediato. En redes sociales, algunos asistentes celebraron la fusión de géneros; otros señalaron que una parte del público parecía no reconocer el tema, evidencia del cruce —aún en proceso— entre distintas audiencias musicales.

Pero el momento que marcó la noche llegó después. J Balvin irrumpió entre ovaciones para compartir escenario con Bad Bunny y cantar juntos “La canción”, un tema que, con el paso del tiempo, se ha cargado de una lectura casi autobiográfica. La aparición tuvo un peso adicional: durante años, la relación entre ambos artistas fue objeto de especulación tras una aparente ruptura personal y profesional.

Al terminar la interpretación, ambos músicos se dirigieron brevemente al público para cerrar el capítulo de manera explícita. Se ofrecieron disculpas mutuas, subrayaron que “lo pasado es pasado” y sellaron el gesto con un abrazo prolongado. Para muchos asistentes, fue uno de los momentos más significativos no solo de las ocho fechas en la capital mexicana, sino de toda la gira.
Con este concierto, Bad Bunny culmina una serie de presentaciones que consolidaron a Ciudad de México como una de las plazas más importantes de su carrera. Tras el cierre, el artista hará una pausa por el fin de año antes de retomar su gira en enero, con fechas programadas en Chile, Perú y Colombia. En febrero continuará por Argentina y Brasil.
Por ahora, no hay nuevas presentaciones anunciadas en México. Para sus seguidores, la despedida no fue discreta ni melancólica: fue un cierre a la altura de un fenómeno cultural que, al menos por ahora, deja los escenarios mexicanos en silencio.