Bad Bunny volvió a rugir en la Ciudad de México. La noche del jueves 11 de diciembre, el Estadio GNP Seguros se convirtió de nuevo en un templo sonoro: 66 mil almas reunidas para presenciar el segundo capítulo de ocho que Benito ha prometido entregar a la capital. Y vaya que cumplió.
El “Conejo Malo”, siempre impredecible y cada vez más performático, salió al escenario con la energía de quien sabe que juega en casa. Entre beats crudos, visuales monumentales y una audiencia que no dejó de corear una sola línea, la noche tomó un giro explosivo cuando Feid apareció para juntos reventar “Perro Negro”, una colaboración que ya nació icónica, pero que en vivo adquiere otra dimensión. El estadio, literalmente, vibró.
Pero la sorpresa no terminó en lo musical. En la siempre polémica “Casita”, Bad Bunny decidió coquetear con el mundo de la actuación: Ana de la Reguera y Diego Boneta se subieron a su fiesta. El público explotó al verlos bailar junto al puertorriqueño, y el momento se volvió aún más viral cuando Benito abrazó cálidamente a De la Reguera sobre el escenario, mientras Boneta recibía un apretón de manos cargado de complicidad.
Lo que está ocurriendo en la Ciudad de México no es solo una serie de conciertos: es un fenómeno cultural. Tras las noches del 10 y 11, Bad Bunny apenas va en el arranque de su residencia chilanga. Regresará este viernes 12, luego hará una pausa para volver con fuerza el lunes 15 y martes 16. Después descansará para rematar con una triada demoledora el viernes 19, sábado 20 y cerrar todo con broche de oro el domingo 21 de diciembre.
Ocho noches, miles de gargantas, invitados que descolocan y un repertorio lleno de sorpresas. Bad Bunny está dictando cátedra de cómo se escribe un momento histórico en la música contemporánea. Y la Ciudad de México, por ahora, es el epicentro del universo Benito.