En un operativo militar desplegado en la sierra de Jalisco, el Ejército mexicano abatió a Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerado durante años uno de los narcotraficantes más buscados del mundo. La acción, confirmada este domingo por fuentes federales, marca un punto de inflexión en la historia reciente del combate al crimen organizado en México.

El operativo —cuyos detalles aún no han sido revelados oficialmente— se realizó en una zona serrana donde el capo operó durante décadas con una estructura de protección territorial basada en células armadas, redes comunitarias de vigilancia y un aparato financiero transnacional. Versiones preliminares indican que, tras el despliegue, se registraron bloqueos carreteros y actos violentos en distintos puntos de Jalisco y estados vecinos, en una reacción que recuerda la capacidad de fuego y desestabilización que caracterizó al CJNG desde su expansión nacional.

El hombre detrás del imperio

Rubén Nemesio Oseguera Cervantes nació el 17 de julio de 1966 en Naranjo de Chila, Michoacán. Hijo de campesinos, migró en su juventud a California. Su historial criminal lo llevó de la deportación en Estados Unidos a la consolidación de un grupo armado que, tras la fragmentación de organizaciones como el Cártel de Sinaloa, logró posicionarse como uno de los actores más violentos y expansivos del narcotráfico contemporáneo.

Con apenas un par de fotografías conocidas —una de juventud en Estados Unidos y otra, ya como objetivo prioritario, con bigote y semblante adusto—, “El Mencho” cultivó el sigilo como estrategia. La Drug Enforcement Administration (DEA) ofrecía hasta 15 millones de dólares por información que condujera a su captura, una cifra reservada para los capos de mayor relevancia en la estructura criminal hemisférica.

El CJNG se distinguió por su rápida militarización, su capacidad de propaganda armada y su expansión hacia mercados internacionales. Informes de agencias estadounidenses lo vinculaban con el tráfico de metanfetaminas y fentanilo hacia Estados Unidos, así como con operaciones en América Latina, Europa y Asia.

Un reacomodo del tablero criminal

La caída de Oseguera Cervantes ocurre después de los golpes históricos contra otras figuras del narcotráfico, como la captura y extradición de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”; la detención de Ismael Zambada García, “El Mayo”; y la extradición de Rafael Caro Quintero. Sin embargo, analistas advierten que la eliminación de un líder no implica necesariamente el desmantelamiento de la organización.

El CJNG construyó una estructura descentralizada, con operadores regionales capaces de mantener el control de rutas y plazas. La interrogante inmediata es si su muerte abrirá una disputa interna por el liderazgo o detonará una fragmentación que incremente la violencia, como ha ocurrido históricamente tras la caída de grandes capos.

La apuesta del nuevo gobierno

El operativo se produce en los primeros meses del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, con una estrategia de seguridad encabezada por el secretario Omar García Harfuch. En un contexto de violencia persistente en estados como Sinaloa y Michoacán, el abatimiento de “El Mencho” representa, en términos simbólicos y operativos, el golpe más significativo de la administración.

No obstante, el desafío va más allá de la narrativa del triunfo. El Estado enfrenta ahora la tarea de contener las posibles represalias y evitar que el vacío de poder derive en una recomposición aún más cruenta del mapa criminal.

Durante años, Oseguera Cervantes encarnó la nueva generación del narcotráfico mexicano: menos visible, más armado y con redes globales. Su muerte cierra un capítulo, pero no la historia. La sierra de Jalisco —territorio mítico de su ascenso— vuelve a colocarse en el centro de una disputa que, como tantas veces, desborda la geografía y se instala en la fragilidad estructural del país.