Durante 17 años, José Luis Castillo ha sostenido la misma exigencia: saber qué ocurrió con su hija. Esmeralda Castillo desapareció en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 2009, cuando tenía 14 años. Desde entonces, su padre emprendió una búsqueda que comenzó como una lucha familiar y terminó convirtiéndose en una de las voces más visibles del movimiento de familiares de personas desaparecidas en México.
Esa historia —marcada por la resistencia, el duelo y la persistencia— es el eje del documental independiente No me olviden falto yo, dirigido por la cineasta mexicana Nadia Gómez, quien ha seguido durante años el camino del activista y de su familia.
El proyecto comenzó a gestarse en 2019, cuando Gómez conoció el caso mientras estudiaba cine en Puebla. Lo que inicialmente sería su trabajo de tesis evolucionó con el tiempo en una producción de largo aliento. A partir de 2020 inició el proceso de preproducción y acompañamiento documental, y las filmaciones concluyeron en 2025, tras varios años de registrar la vida cotidiana, las marchas, las denuncias y las exigencias públicas de la familia Castillo.
La cámara de Gómez no se centra únicamente en la desaparición de Esmeralda. El documental se adentra en la transformación de su padre, quien con el paso del tiempo pasó de ser un hombre común que buscaba a su hija, a convertirse en una figura reconocida dentro del activismo por las personas desaparecidas.
El reconocimiento público a su lucha ha crecido con los años. En 2025, el Instituto de Estudios Superiores de Chihuahua le otorgó un Doctorado Honoris Causa por su trabajo en la defensa de los derechos humanos y por su acompañamiento a otras familias que atraviesan tragedias similares.
Una imagen ha sintetizado su historia de lucha: José Luis Castillo sosteniendo una lona con el rostro de su hija y la frase “No me olviden, falto yo”. Esa escena se volvió especialmente significativa durante las movilizaciones del 8 de marzo en Ciudad de México, entre 2021 y 2022, cuando el padre se integró a las marchas feministas y fue respaldado por cientos de mujeres que lo rodeaban mientras lanzaba diamantina rosa al aire. El gesto, ampliamente difundido en redes sociales, convirtió su figura en un símbolo de resistencia y acompañamiento.
La historia que recoge el documental también dialoga con una realidad que atraviesa al país. A comienzos de 2026, cifras oficiales reportaban 118 mil 962 personas desaparecidas en México, un incremento de más de 24 mil casos en comparación con 2023. En ese contexto, la historia de Esmeralda se entrelaza con la de miles de familias que continúan buscando a sus seres queridos.
Sin embargo, llevar esta historia al cine no ha sido sencillo. Gómez reconoce que uno de los mayores desafíos ha sido conseguir financiamiento para un proyecto que aborda temas sensibles como feminicidio, desapariciones, feminismo y las fallas institucionales para investigar estos delitos.
A pesar de ello, la directora defiende la necesidad de narrar estas historias desde el cine documental. Para ella, la pantalla puede convertirse en un espacio que permita comprender el dolor de las familias buscadoras y generar empatía social.
El largometraje también muestra la evolución personal de José Luis Castillo. El propio activista ha reconocido que, antes de la desaparición de su hija, mantenía una visión tradicional sobre el papel de las mujeres. Con el tiempo, el contacto con colectivos feministas y organizaciones de derechos humanos transformó su perspectiva. Hoy participa en movilizaciones, acompaña a otras familias y se ha convertido en una voz crítica frente a las instituciones.
La confianza construida con la familia fue clave para el proyecto. Durante años, los Castillo habían evitado permitir grabaciones dentro de su hogar. El equipo encabezado por Gómez fue el primero en obtener ese acceso, lo que permitió retratar momentos íntimos de la vida familiar y del proceso de búsqueda.
El documental, además, fue concebido con una producción mayoritariamente femenina. Gómez trabajó junto a las coproductoras Ruth Luis, María José Oviedo y Diandra Arriaga, quienes impulsaron la iniciativa desde una perspectiva independiente.
Actualmente el proyecto se encuentra en fase de postproducción, etapa para la cual el equipo continúa buscando financiamiento e inversionistas que permitan concluir la obra y llevarla a circuitos de exhibición.
Más que reconstruir un caso, No me olviden falto yo pretende preservar la memoria de una historia que sigue abierta. Para José Luis Castillo, mantener visible el rostro de Esmeralda es una forma de resistir al olvido.
En un país donde miles de familias buscan a sus desaparecidos, la memoria —como sugiere el propio documental— también puede convertirse en una forma de justicia.