En millones de hogares mexicanos, guardar las tortillas en una bolsa o envoltura de plástico es una práctica cotidiana que rara vez se cuestiona. Sin embargo, investigaciones recientes en el ámbito de la alimentación y la salud han comenzado a poner en duda la seguridad de este hábito aparentemente inofensivo.

Especialistas advierten que el contacto entre alimentos calientes y materiales plásticos podría favorecer la liberación de compuestos químicos que terminan incorporándose a lo que comemos. El fenómeno, conocido como migración química, ha sido documentado en diversos estudios científicos y abre una conversación más amplia sobre la forma en que se almacenan los alimentos básicos.

Cuando el calor y el plástico se combinan

El riesgo se vuelve más relevante en el caso de las tortillas recién hechas. Al salir del comal, conservan altas temperaturas y humedad, dos factores que pueden acelerar la transferencia de partículas provenientes del plástico hacia el alimento.

Entre las sustancias que se han detectado en estos procesos se encuentran ftalatos y microplásticos, compuestos presentes en distintos tipos de envases y envolturas. Aunque muchos de estos materiales cuentan con certificaciones para uso alimentario, expertos señalan que esto no implica que estén completamente exentos de liberar partículas bajo ciertas condiciones.

Además del posible traslado de químicos, el almacenamiento en plástico caliente también puede alterar la calidad del alimento. La acumulación de vapor dentro de las bolsas puede modificar la textura de las tortillas, hacerlas más húmedas o afectar su frescura.

Evidencia científica sobre la migración de partículas

Diversas investigaciones citadas por la revista científica Popular Science indican que la migración de compuestos desde los plásticos hacia los alimentos es un fenómeno comprobado en laboratorio.

Otros estudios han observado que la combinación de calor y humedad acelera la liberación de microplásticos. Algunas líneas de investigación sugieren que la exposición constante a estas partículas podría relacionarse con alteraciones hormonales y metabólicas, aunque el impacto a largo plazo aún continúa en análisis.

Formas más seguras de conservar las tortillas

Ante este escenario, especialistas en nutrición y seguridad alimentaria recomiendan optar por métodos de almacenamiento que reduzcan el contacto directo con plástico, especialmente cuando los alimentos aún están calientes.

Entre las alternativas más sugeridas destacan:

  • Servilletas de tela o papel, que ayudan a conservar la humedad sin atrapar vapor en exceso.
  • Recipientes de vidrio o cerámica, útiles para mantener las tortillas en refrigeración si se desea prolongar su duración.
  • Evitar el plástico caliente, permitiendo que las tortillas se enfríen antes de guardarlas.

Pequeños cambios en la rutina

Además de elegir materiales más seguros, los especialistas recomiendan adoptar algunas prácticas sencillas en la cocina cotidiana:

  • Dejar que las tortillas pierdan temperatura antes de almacenarlas.
  • Utilizar envolturas naturales, como manta de cielo o telas de algodón.
  • Consumirlas en un periodo corto para evitar la acumulación de humedad.

Aunque el debate científico sigue abierto, la evidencia disponible apunta a que modificar la forma en que se almacenan alimentos tan comunes como las tortillas podría contribuir tanto a preservar su calidad como a reducir la exposición cotidiana a compuestos presentes en el plástico.