En el fútbol mexicano, donde las promesas suelen durar menos que los proyectos deportivos, el anuncio no deja de ser significativo: el Club León se encamina a cambiar de dueños y a dejar, al menos en términos de control, el seno de Grupo Pachuca. Si los plazos se cumplen, en un máximo de seis meses la Fiera tendría propietarios mayoritarios ajenos a la familia Martínez, una señal largamente esperada en la discusión sobre la multipropiedad.

Jesús Martínez Murguía, presidente del club, confirmó que el proceso ya está en marcha y que existen negociaciones avanzadas con inversionistas que comparten la visión construida en los últimos 15 años, etapa en la que León pasó de la oscuridad del ascenso a consolidarse como una plaza competitiva y campeona.
“Ya estamos en pláticas con varias personas que comulgan con el proyecto. Hemos recibido ofertas importantes y esperamos cerrar la operación en no más de seis meses”, señaló en declaraciones retomadas por ESPN.

El anuncio tiene un trasfondo inevitable. No hace mucho, Grupo Pachuca intentó sortear el conflicto transfiriendo acciones de León dentro del propio núcleo familiar, en una maniobra que buscaba simular independencia administrativa. El intento no convenció ni a las autoridades ni al entorno internacional, sobre todo cuando el tema de la multipropiedad se convirtió en un factor de riesgo para la participación del club en el Mundial de Clubes.

Esta vez, el mensaje es distinto. La venta contempla la cesión de la mayoría accionaria a terceros, aunque Grupo Pachuca mantendría una participación minoritaria. No se trata de una fórmula inédita en el futbol global: en diversas ligas europeas y en proyectos recientes de Medio Oriente, los antiguos propietarios suelen conservar porcentajes simbólicos o estratégicos sin incidir en las decisiones de fondo.

“Dejaríamos de ser los dueños principales. Es un modelo común en otras partes del mundo”, explicó Martínez Murguía, quien insistió en que el control deportivo y administrativo recaerá en los nuevos inversionistas.

Antes de dar ese paso definitivo, la prioridad será devolverle al León el protagonismo extraviado. La directiva considera que un equipo competitivo, identificado con su afición y nuevamente aspirante al título, es también un activo más atractivo en el mercado.
“Lo que busca un inversor es estabilidad y buenos números. Queremos que el equipo esté peleando campeonatos antes de cerrar la venta”, subrayó.

La posible salida de Grupo Pachuca del control del León se inscribe en un momento clave para el futbol mexicano: clubes en proceso de venta, la presión creciente por erradicar la multipropiedad, la discusión —todavía inconclusa— sobre el regreso del ascenso y descenso, y el reclamo de mayor credibilidad institucional.

Que León cambie de manos sería, sin duda, un paso relevante. No suficiente, quizá, pero sí necesario. En un entorno acostumbrado a las medias tintas, cumplir esta promesa sería algo más que una operación financiera: sería una señal de que el futbol mexicano, por una vez, decidió avanzar.