La Basílica de Guadalupe volvió a convertirse, la madrugada del 12 de diciembre, en el escenario más emblemático del país. Las tradicionales Mañanitas a la Virgen de Guadalupe reunieron a un elenco que mezcló generaciones, estilos y trayectorias en un ritual musical que ya forma parte del ADN cultural de México.
Lucero —reina indiscutible de esta celebración— volvió a iluminar el templo con su presencia, pero esta vez cedió parte del reflector a Lucero Mijares, quien continúa labrando su propio camino en la música. La joven intérprete escogió “Te lo pido por favor”, clásico entrañable de Juan Gabriel, una elección que conectó emoción, tradición y un guiño a la devoción que miles llevan tatuada en el corazón.
El escenario también recibió a Carlos Rivera, uno de los artistas que más se ha apropiado del lenguaje del pop religioso contemporáneo. Con “Te lo vengo a cantar”, Rivera evocó el espíritu noventero de aquellas transmisiones que, para muchos, marcaron la infancia frente a la televisión en la víspera del 12 de diciembre.
Otro momento destacado fue la participación de Alex Fernández, heredero de un apellido que pesa, pero que supo llevarlo con dignidad interpretando “Pídeme” de Diego Verdaguer, en una versión sobria, cálida y respetuosa. Una entrega vocal a la altura de su linaje.
El cartel —digno de un especial de fin de año con curaduría milimétrica— reunió además a figuras que han moldeado el sonido de la devoción mexicana:
Maribel Guardia, Edith Márquez, Aída Cuevas, Daniela Romo, Valeria Cuevas, Guadalupe Pineda, Mariana Gurrola, María Victoria, Ana Cirré, Alexander Acha, Denise de Kalafe, Germán Montero, Tatiana, Viviann Baeza, Carolina Ross, y el Coro “Malinche” dirigido por Nacho Cano, añadiendo un matiz coral y teatral que pocas veces aparece en esta tradición televisada.
El Mariachi Fiesta de México dio cohesión a la noche, mientras que Priscilina y Sara Ángel aportaron frescura y una energía joven a un evento que, aunque devocional, busca cada año reinventarse sin perder su esencia.
Más allá de la fe, del simbolismo o de la tradición, la madrugada guadalupana volvió a confirmar algo: México canta. Canta con fervor, con nostalgia, con fuerza y, sobre todo, con una identidad sonora que ninguna modernidad puede desplazar.
En un país donde la música es puente, refugio y oración, las Mañanitas a la Virgen de Guadalupe siguen siendo el momento en que todas las voces —las de los artistas y las del pueblo— se unen para crear un himno colectivo que vibra más allá de la Basílica.